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viernes, mayo 11, 2018

Distinguen empresario Corripio y Rizek, dos grandes capitanes de empresas



Punta Cana, La Altagracia

Los empresarios José Luis Corripio y Héctor Rizek Llabaly coinciden en caracterizarse por la tenacidad y perseverancia con que ambos han edificado corporaciones familiares sólidamente establecidas y la amplia visión que ha acompañado sus respectivos emprendimientos.

La afirmación es de Miguel Franjul, director del Listín Diario, quien al pronunciar unas palabras en representación de Corripio, destacó la trayectoria y la laboriosidad de ambas personalidades.

“De familias extranjeras, uno de Palestina y otro de España, ambos empresarios tienen algunas similitudes. Comenzaron desde muy jóvenes a trabajar con sus progenitores, estudiaron la carrera del Derecho, pero la pasión por el comercio los atrapó en un quehacer laborioso en el que los horarios y los insomnios nunca pudieron limitar sus energías, ni siquiera al entrar en el círculo de los octogenarios”, expresó Franjul en la conferencia en el “Primer Encuentro Mundial de Líderes Rotarios y Empresarios 2018”, celebrado en Bávaro, La Altagracia.

A continuación, texto completo de las palabras de Franjul:

“Cumplo con el encargo de trasmitir a todos ustedes los más vivos testimonios de simpatía de parte del señor José Luis Corripio (Pepín), presidente del Grupo de Comunicaciones Corripio y accionista principal del Listín Diario, decano de la prensa dominicana, hacia el trabajo que realizan los rotarios a nivel mundial, que ha sido puesto de relieve en este Encuentro de Líderes.

El señor Corripio ha lamentado profundamente no poder estar aquí en esta tribuna compartiendo sus experiencias profesionales y la de su progenitor, don Manuel Corripio, en favor del desarrollo del país sobre la base de un conjunto de empresas de distinta índole que su familia ha establecido a lo largo de cien años, debido a causas ajenas a su voluntad.

Me comunicó que estaba muy entusiasmado con la idea de que su charla en este almuerzo coincidiera con el merecido homenaje que los rotarios le rinden hoy a otro paladín de la empresa privada dominicana, el productor cacaotalero don Héctor Rizek Llabaly, con quien ha mantenido fuertes lazos de amistad durante décadas.

Si me tocara describir ante ustedes a estas dos personalidades, diría que un denominador común que caracteriza sus vidas empresariales es la tenacidad y perseverancia con que ambos han edificado empresas familiares sólidamente establecidas y la amplia visión que ha acompañado sus respectivos emprendimientos.

De familias extranjeras, uno de Palestina y otro de España, ambos empresarios tienen algunas similitudes. Comenzaron desde muy jóvenes a trabajar con sus progenitores; estudiaron la carrera del Derecho, pero la pasión por el comercio los atrapó en un quehacer laborioso en el que los horarios y los insomnios nunca pudieron limitar sus energías, ni siquiera al entrar en el círculo de los octogenarios. Ambos se ufanan en demostrar que la palabra retiro no figura en su vocabulario ni en sus planes de futuro, que son muchos.

Otra cualidad que los caracteriza ha sido su sistemático apoyo a las mejores causas sociales. Tanto en la educación como en las artes y las comunicaciones sociales, sus aportes son continuos a universidades e institutos, tanto para financiar investigaciones y becas a estudiantes de escasos recursos que buscan abrirse paso en la vida, como para capacitarlos en los nuevos oficios que demanda la sociedad.

Ambos son unos convencidos de que la base de todo progreso social está en la educación y en la capacitación para el empleo, no importa la esfera. Y me parece que esta premisa ha hecho base firme en ellos para seguir apostando fuerte en investigaciones en el campo de la producción y la agroindustria, donde radican sus mayores inversiones y donde han creado millares de empleos.

Las vidas de los empresarios Rizek y Corripio encierran muchas enseñanzas a las nuevas generaciones, que a menudo parecen sentir atracción por oficios más conectados con las modernas tecnologías y que ambicionan lograr deleites de vida y fortunas en poco tiempo y sin sudar mucho las camisetas.

Una de esas enseñanzas es la de que para ser buenos y exitosos empresarios es indispensable cultivar dos cualidades, la humildad y la solidaridad, la prudencia en los negocios y la voluntad para no rendirse ante los obstáculos o vicisitudes que se presentan en el camino. No hacen galas ni se pavonean de las propias riquezas que han creado con sus manos y con sus talentos durante décadas; son hombres que se mezclan, en mangas de camisa, con sus trabajadores, a quienes escuchan y tratan como seres dignos de respeto y consideración.

Un evento como este, en el que los rotarios toman contacto con dirigentes de distintas esferas del país, era el más apropiado para que el señor Corripio compartiese estas vivencias y creencias con ustedes, que a mí me parecen muy sintonizadas, de palabra y acción, con las causas que los rotarios abrazan en favor de la salud y la educación en todo el mundo.

No me quedan dudas de que el señor Corripio, que ha dictado en los últimos años numerosas conferencias en el país y fuera de aquí, mostrando las claves de su éxito empresarial, hubiese preferido hablarles del tema que con más intensidad y profundidad ha ocupado su atención en estos tiempos: la búsqueda de una fórmula o mecanismo para fomentar el primer empleo, con remuneración digna, para dar acogida a la enorme masa de profesionales que salen de nuestras universidades y no hallan dónde aplicar sus conocimientos.

Este es, para él, uno de los retos más decisivos que tiene la sociedad dominicana actual. Si se profundiza el desempleo y la falta de oportunidades para estos millares de profesionales y jóvenes que aprendieron carreras técnicas no habrá garantías de desarrollo sostenible. Sin rodeos ha dicho que este problema resulta peligroso para la estabilidad de la sociedad, ya que la traumatiza y la puede sumir en un conflicto social de gran envergadura.

El columbra que en menos de una década, y al paso que vamos, habría en el país unos 150,000 a 200,000 profesionales con un título pero sin empleo, lo que puede incubar una gran conmoción social, porque quien pasó años estudiando para servir al país sentirá que ha sido estafado por esta sociedad, que no le brindó las oportunidades del empleo remunerado.

Como los gobiernos no pueden tener en sus manos toda la responsabilidad de promover una reorientación del modelo social y económico del país para facilitar este acceso al primer empleo, el señor Corripio es partidario de que se apruebe una ley paralela al Código de Trabajo para garantizar el primer empleo en condiciones más suaves para jóvenes y empleadores durante uno a tres años, en condiciones especiales transitorias.

Pienso que con esta dramática radiografía de nuestra sociedad no hay excusas para que los sectores público y privado se unan en un esfuerzo concreto para crear las condiciones de acceso al primer empleo, apelando a iniciativas creativas y viables que rompan con estas barreras.


La mejor manera de salvar estas barreras es tirando el sombrero por encima de ellas. Me valgo de esta metáfora que una vez utilizó el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, para alentar a sus compatriotas a que apoyaran su carrera por la conquista espacial. Inspirado en una fábula irlandesa que hablaba del hombre que había tirado su sombrero por encima de una alta tapia, para obligarse a subirla y recuperarlo, el presidente Kennedy hizo lo mismo.

Y con ello nos enseñó que, cuando hay voluntad y empeño, cualquier sociedad puede tirar sus sombreros por sobre los muros más altos, y saltar muy por encima de ellos para conseguir éxitos en su lucha por la prosperidad, el desarrollo y el bienestar de sus ciudadanos”.

Listin Diario.

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